El abrigo largo tiene fama de prenda difícil: que si acorta, que si es demasiado para el día a día. En realidad es lo contrario. Es la prenda que con menos esfuerzo convierte unos jeans y una camiseta en un look arreglado. El truco está en lo que le pones debajo.
1. Con jeans rectos y botines
La combinación que no falla. Jeans de pierna recta o ligeramente acampanada, botines de tacón bajo y el abrigo abierto. Funciona porque la línea vertical del abrigo y la del pantalón van en el mismo sentido y estilizan juntas.
2. Encima de un vestido midi
Si el abrigo es más largo que el vestido, queda intencionado. Si el vestido asoma por debajo, también, siempre que asome bastante y no dos dedos. Lo que no funciona es que coincidan exactamente: ahí parece un error.
3. Todo del mismo tono
Abrigo, pantalón y suéter en la misma familia de color —cafés, grises, cremas— es el truco más barato para parecer que llevas algo caro. No hace falta que sea el mismo color exacto; basta con que no choquen.
4. Con punto grueso debajo
Un suéter de punto bajo un abrigo largo da volumen arriba, así que pide abajo algo estrecho: pantalón pitillo, jeans ajustados o unas botas altas. Y acuérdate de subir una talla en el abrigo si lo vas a llevar así.
5. Con cinturón, aunque no lo traiga
Un abrigo recto se transforma marcándole la cintura con un cinturón propio o ajeno. Es la forma más rápida de pasar de «abrigo cómodo» a «abrigo favorecedor» sin cambiar de prenda.
Lo que conviene mirar antes de comprarlo
Dos cosas: dónde te cae el bajo —por debajo de la rodilla estiliza, justo a la altura de la pantorrilla puede acortar— y si los hombros te quedan en su sitio. Un abrigo con los hombros caídos no hay forma de arreglarlo.